Archivo Junio, 2010

Relatos ganadores de la ‘Luna negra’

A continuación publicamos, con la debida autorización de los autores, los relatos del ganador y los finalistas del I concurso de relato negro ‘Luna negra’. Nuevamente agradecemos a todos su participación y su entusiasmo por el género negro.


LA ULTIMA CENA (ganador)

Jorge Berenguer Barrera

Jorge Berenguer BarreraTommy El Poeta O’Sullivan tenía la sien izquierda apoyada en la pared, como si estuviera dando una cabezada, pero sus ojos estaban abiertos y miraban hacia abajo. Daba la impresión de que estuviera haciendo todo lo posible por examinar los spaghetti que asomaban por su boca, que también permanecía abierta, y la expresión de perplejidad de su rostro hubiera reforzado aquella extravagante posibilidad si no hubiera sido porque buena parte de su masa encefálica estaba esparcida por la pared de ladrillos del Giacomo’s, formando una especie de aura alrededor de su rizada cabellera pelirroja.

Brian Cookie Nelson, al otro lado de la mesa, le observaba con los ojos entornados. El Poeta había sido un tipo risueño y locuaz, y su rígida inmovilidad resultaba fascinante.

—¿Por qué lo hizo? —preguntó alguien, a su izquierda. Era una voz cavernosa y profunda, de oso adormilado. Cookie no podía moverse. Él seguía vivo, a diferencia de El Poeta, pero calculó que había recibido al menos tres disparos, todos alrededor del esternón. No sentía dolor, aunque le costaba mucho inspirar y cuando lo hacía emitía un sonido silbante, de fuelle perforado. Enfocó a Max Lafranca con sus ojos inyectados de sangre, sin mover la cabeza. Lafranca se había sentado a la mesa, junto al poeta. Su presencia física resultaba rotunda y excesiva, casi abrumadora. Pesaba unos doscientos kilos, y sus ojos eran dos turbadoras y centelleantes ranuras. Junto a la mesa permanecían dos de sus muchachos, con actitud expectante. Abrigos caros, cejas gruesas y oscuras y cabello engominado. Un poco más atrás se encontraba Fredo, el camarero del restaurante. Estaba lívido y su frente se había cubierto de sudor. Las manos, levantadas sobre su cabeza, temblaban ostensiblemente.

—Podría haberse tirado a cualquier camarera de vuestro lado del río. Pero decidió cruzar el jodido puente de Brooklyn justo detrás de su pequeña polla irlandesa y venir a follarse a mi sobrina. Cuando su padre se entere de que os he fundido la bombilla habrá otra puta guerra entre italianos e irlandeses y correrá mucha sangre, así que al menos me gustaría saber por qué lo hizo.

Cookie cerró los ojos, y casi de inmediato pudo visualizar a Tommy El Poeta. Le vio con la mirada arrebatada y brillante, gesticulando como un poseso. “Esa chica es como un amanecer. Me ha encendido el fuego, Cookie”, vociferaba, golpeándose el pecho con el puño mientras reía de gozo. “Es como un árbol de navidad atiborrado de luces y colocado junto a un fuego de troncos. Como un roquedal milenario expuesto a las tempestades. Es la belleza inapelable, Cookie. La jodida belleza genuina. Pura luz. Sin paliativos, muchacho”, solía declamar, con las manos inmóviles junto a las mejillas y deslumbrándole con su intensa mirada azulada, como si quisiera cerciorarse de que su interlocutor captaba la magnitud de su asombro. Cookie abrió los ojos muy despacio. La mirada feroz de Max Lafranca parecía estar muy lejos. Inspiró cuidadosamente antes de responder, provocando un sonido de burbujeo.

—Dijo que cuando tu sobrina se corría tenía unas contracciones vaginales tan violentas que era como follarse a un tornado —susurró, entre jadeos.

Se hizo un silencio tan denso que pudo escucharse el tintineo de las monedas que el tembloroso Fredo llevaba en el bolsillo del delantal. La mandíbula de Lafranca se cerró como una trampa, y sus fosas nasales se dilataron. Tras un par de segundos emitió un extraño sonido, como una sucesión de eructos, mientras negaba con la cabeza. Cookie intentó reírse también, para corresponder a Lafranca, pero sufrió un estertor.

—Jodidos irlandeses del demonio—ronroneó Lafranca. Su titánico torso se contraía a causa de las carcajadas mientras tendía su monstruosa mano hacia uno de los chicos de los abrigos. El guardaespaldas le entregó un grueso revólver del calibre 45, de cañón muy corto. Tenía la culata envuelta con papel de periódico. A Cookie le embargó algo muy parecido al agudo temor que le paralizaba justo antes de que le clavaran una aguja hipodérmica, pero decidió que, al fin y al cabo, no había tenido una mala vida. Mucho mejor que su padre y su abuelo, macilentos y amargados mineros de carbón que ni siquiera vieron batear a Babe Ruth.


HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE (Finalista)

Mauricio Andrés Tapia

foto mauricio tapia-No sé cómo me hiciste llegar a esto. No sé cuando te convertiste en lo que eres ahora. Cambiaste esa sonrisa que me regalabas todos los días por esa cara larga y tan desagradable como comer naranja después de lavarse los dientes. Éramos tan felices, tan felices. Me hiciste llorar de alegría. Me llevaste al punto máximo del placer ¿Que te pasó? ¿Qué te pasó conchetumadre?!  Acuérdate de la canción de Calamaro, de la Fito, de la de Silvio. ¡Acuérdate mierda! Cántame, cántame mierda.

(No de que está hablando, no aguanto más, no aguanto este nudo en la garganta. No sé qué hice. Siento mis ojos hinchados y llenos de lágrimas. No puedo más. AAYY!! Maricón, poco hombre. Por qué me hace esto)

-Y no me vai a cantar? Erí bien puta. No te bastó con dejarme solo y humillado en ese altar. Y claro, la perla arrancándose con el primero que le dice que es linda. ¡Como me hiciste esto! ¡Respóndeme!

Se secó las lágrimas con sus manos y se las pasó por la cara de ella. Ella en un rincón con las manos amarradas y lágrimas negras en su rostro, el agua que brotó de sus ojos pasó a llevar su maquillaje. El dejó de apuntarla con el revólver que la intimido desde que la secuestró y la encerró en este cuarto.

-No te mereces más. ”Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto…” ¡canta conmigo puta! “Si resulta que si, si podrás entender lo que me pasa a mi esta noche, ella no va a volver y la pena me empieza a crecer adentro, la moneda cayó por el lado de la soledad y el dolor…”

Se pone ambas manos en la cara. Deja el revólver a un lado. Da un sollozo desgarrador.

-¿Por qué? ¿Por qué conchesumadre? ¿Qué mierda te hice?- le gritó a ella

(Se acabó todo, mi carrera, mi futuro mis proyectos ¿en qué me equivoqué? Acaso será el precio por la vanidad. No sé quién es este tipo. No sé qué cresta quiere de mí. No sé a quién se refiere. Solo quiero que me deje salir de aquí)

-No te imaginas como me dejaste aquella vez. Me llevaste al vacío máximo. Mi mamá te odió más que nunca. Imagínate, no es para menos. Me hiciste sentir el huevón más miserable de Chile, del mundo, del universo delante de mi familia, de mis amigos ¡De tu familia que disfrutó más que nadie de mi cuerpo descompensado y humillado, frente a ese Cristo crucificado que también se reía a carcajadas de mí! Esta la me la pagai maraca y con tu vida.

Siguió repitiendo la última frase entre sollozos tomo el revólver y volvió a apuntarla. Ella con cada vez mas terror hundía su cabeza en sus rodillas. La cuerda de que amarraba sus manos le dolía demasiado. Sus lágrimas negras manchaban el perfecto blanco de su vestido.

(Diosito, ayúdame por favor. No me merezco esto. No aguanto el nudo en mi garganta ni el que amarra mis manos… ayúdame)

-… y mas encima te veo ahí. Riéndote de mí ante todos. Mostrándote ahí en el mismo lugar donde iba ser nuestra fiesta. Cada flash que te apuntaba era una risotada de mi madre aquel día. No, no podía aguantar tanta humillación.

-Entiende yo no soy ella.  De verdad. ¡Suéltame! Yo estaba ahí trabajando…

(Maldigo el día que firmé por esa agencia. Maldigo el día en que me decidí por el modelaje. Maldigo el día que me puse este vestido de novia)

-¡Cántame mierda o te mató! “Me parece que soy de la quinta que vio el Mundial 78, me toco crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor, la moneda cayó por el lado de la soledad, otra vez…”

No paraba de apuntarla y ella entre llantos cantó.

-“No me lastimes con tus crímenes perfectos, mientras la gente indiferente se da cuenta.
De vez en cuando, solamente, sale afuera la peor manera”

El no aguanto el dolor en su pecho. Desde el fondo de sus entrañas sale un grito que rodea todo el cuarto. Toma el revólver y se lo coloca en su boca. Ella lo mira con espanto y luego corre la mirada. El aprieta el gatillo y dispara. Ella se mancha el vestido con la sangre salpicada de él. Desde la ventana una luz azul intermitente los ilumina. Suena la sirena y ella respira con tranquilidad.


CASA DE LOCOS (finalista)

Juan Arturo Ochoa

juan arturoochoa-¿Alguna palabra antes de que te cargue la chingada?

- Eres un yermo de mierda.

- Ésas fueron más de tres, pendejo.

La silla se venció con el peso del hombre que cayó de espaldas, el sonido me ensordeció unos instantes, me di cuenta de que había hecho una mueca involuntaria de asco; mi boca arqueada y mi ceño fruncido. Recompuse de inmediato el gesto al de taciturno y serio. Inmutable. Miré de reojo a mis compañeros, ninguno se movía, todos miraban hacia abajo y  sin valor para decir una palabra.

-Nunca pierdan el control aunque las cosas se pongan complicadas- dijo el líder.

-¡Nunca perder el control!- gritamos a coro.

-¿Quién tiene la pintura?

-Aquí está señor- me apresuré a contestar.

-Nunca dejen que la pintura se dañe.

-¡La pintura es lo más valioso!- respondimos al unísono.

-Recojan las evidencias y vámonos.

Tres de mis compañeros y yo nos abalanzamos sobre el cuerpo para limpiarlo y embolsarlo, quitamos las huellas del suelo y ordenamos lo mejor posible el despacho, dejando en los cajones las hojas y lápices esparcidos con desorden. Yo entrecerré las persianas. Un haz de luz llegaba desde la ventana hasta la placa del escritorio que fuere del hombre que ya no respiraba: José León Caballero. Director del museo Goya.


MELOMANIA (finalista)

Manu Espada

manuespada

Cuando la música comenzó a escasear, el gobierno dictaminó su restricción. Repartieron cartillas de racionamiento entre la población. La muchedumbre se agolpaba ante las tiendas de discos. El día del reparto esperaban su turno y salían con un vinillo de Springsteen, un cedé de Elvis o un casette de Prince. El tráfico ilegal tomó las ciudades, y el hampa impuso su ley. Pedro acudía a conciertos ilegales que organizaba la mafia en locales clandestinos. Allí disfrutó de estrellas del jazz, el rock, el hard core, e incluso intérpretes de música clásica. El gobierno cortó por lo sano. Impuso la “Ley del silencio”. La prohibición total. Pedro se arruinó en el mercado negro y tuvo que pedir por la calle para comprar su dosis diaria de melodía a los camellos, aunque vendían copias de baja calidad o versiones adulteradas. Pedro robó en un museo y se llevó un cargamento de cedés de Led Zeppelin. Lo incomunicaron en una celda insonorizada. Sufrió un mono terrible, con convulsiones que sólo mitigaban las dosis de diez segundos musicales que le suministraban los médicos. Cuando salió de la celda de castigo se apuntó al programa de desintoxicación de la prisión. Durante la terapia, los melómanos se levantaban uno a uno y confesaban sus problemas con la música. A Pedro le costó superar su melomanía. La cárcel no es un buen lugar para desengancharse. El que quiere música, la encuentra: una cuchara golpeando unos vasos con agua, un preso tarareando en una esquina o las notas furtivas de una flauta casera eran los sistemas más habituales. El psicólogo pesó que Pedro ya estaba rehabilitado y lo envió a trabajar a la cocina. Cuando se quedó solo fregando los platos abrió la ventana, respiró hondo y se dejó llevar por el canto de los pájaros. Durante el cambio de turno lo encontraron agarrado a los barrotes, mirando al exterior con los ojos muy abiertos. El forense dictaminó “muerte por sobredosis”.

LLÁMAME MARILYN (Finalista)

Alejo Izquierdo

avatar axel lewisalejoizquierdo

Su rostro pálido se refleja ante el espejo de una habitación semioscura. El rimel negro y el labial púrpura completan su andrógina fisonomía. Parado delante del cristal, con el dorso desnudo, no deja de contonearse al ritmo estridente de una voz masculina y gutural proveniente de un disco compacto. Con una cuchilla untada de tinta se había tatuado él mismo símbolos satánicos en ambos brazos y el pecho. De pronto, le espeta una voz destemplada:

-¡Marlon, apaga esa maldita cosa y baja ya!

-¡Deja de jorobar! –Impreca este.

Se soba frenéticamente el sexo. Luego dobla su cintura para tratar de autofelarse, pero es imposible. Conoce la solución: un par de costillas menos; “dinero de porquería” (maldice)… Da un giro y contempla uno de los carteles donde aparece su ídolo. Tiene muchos, pegados en la pared, a manera de papel tapiz. Dominan la estancia.

En un bolsillo posterior de su jean carga un ejemplar maltrecho de Los crímenes de la Calle Morgue de Poe; de tanto leerlo se lo sabe de memoria, conoce cada paso, cada una de las escenas. Como recuerda las secuencias sórdidas de todas las novelas y películas negras que atesora, junto con velones y las letras de canciones de su dios, en un gastado cofre de madera oculto bajo su catre. Son los fetiches que ostenta para su idolatría.

-¡Marlon! -Le rugen de nuevo. Un aluvión de sangre inunda sus mejillas y su respiración se torna frenética. Rápidamente se pone una camisa. Baja el volumen. Por poco se olvida de limpiarse el maquillaje. Sale de la habitación cerrando con un portazo y desciende las escalas a zancadas. Al sentarse a la mesa la mujer le lanza una mirada de puñal. Él la ignora, impasible, como un témpano de hielo. Un iceberg que se derrite bajo los efectos de una explosión radiactiva.

-Desde hoy en adelante me llamaré Marilyn -dice resuelto.

-¿Qué es lo que estás diciendo? -Replica la mujer.

-Lo que oíste.

-¿Son esos malditos posters que cuelgas en el cuarto y toda esa basura que acumulas debajo de la cama las que te están pudriendo el cerebro? Quiero que limpie la pieza y quite todas esas cochinadas de las paredes. ¿Me oíste?

Pero él no la oía. Por su mente discurrían imágenes intermitentes de notas musicales alternadas de una voz bronca, con un fondo de gritos y sangre. Un manotazo limpio lo saca de su ensoñación.

-¡No te hagas el imbécil conmigo, Marlon!

-¡No me joda madre, ya la escuché! Y ya le dije que yo me llamo Marilyn. Una cachetada lo toma por sorpresa.

-Voy a estar en la cocina y cuando suba a tu cuarto quiero encontrar los muros despejados de afiches de maricas; y de paso échale candela a ese montón de mierda que guardas en esa caja. ¡Andando, ya!

Se siente violado en su intimidad. Sube parsimonioso. Sobre una repisa ve una lámina pequeña y brillante. Sabe lo que es y la toma. Al asirla y sentir el frío metálico se acuerda de sus tatuajes, y evoca cuadros y ambientes estilo gore de tantas historias que ha visto y leído. Vuelve a embadurnarse de pintura facial. De nuevo sube el volumen al disco. Se descamisa y baja las escaleras descalzo. Un cúmulo de imágenes se intercala en su mente a manera de pequeñas representaciones trágico-cómicas. Su caletre ya no le da para discernir entre lo recto y lo mórbido, entre lo jocoso y lo grotesco. El sketch más gracioso es uno en donde un enorme y peludo chango comienza a hender con una navaja a un par de ancianitas.

Ella está junto al fregadero, así que se desliza hasta adentro. Cuando aquella lo siente, se voltea y este le asesta un rápido zarpazo que le raja el pescuezo de un tajo. Un chorro de fluido oscuro le salpica la cara. La viejucha se lleva las manos al cogote y cae al piso retorciéndose. De su garganta emergen chillidos carrasposos. Extiende una mano hacia el muchacho, pero de él sale una potente voz áspera, casi sepulcral que se mezcla con el estruendo proveniente de arriba:

-Te dije que me llamaras Marilyn. ¿No me escuchaste? MA-RI-LYN. Llámame Marilyn!


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BOLETIN ACUBO DE ACTIVIDADES EN MADRID

SEGUNDA QUINCENA DE JUNIO
 
La dictadura del blogetariado
Para analizar un tiempo y espacio donde los blogs se han transformado en protagonistas de la narración, el III Congreso de Nuevos Narradores Iberoamericanos organiza una mesa redonda con los escritores Mario Cuenca Sandoval, Juan Sebastián Cárdenas y Claudia Ulloa, con la presentación y moderación de Constantino Bértolo.
Cuándo: 24 de junio de 2010, 19:30hs.
Dónde: Casa América, Plaza de Cibeles 2.
Más datos: http://www.casamerica.es/casa-de-america-madrid/agenda/literatura/iii-congreso-de-nuevos-narradores-iberoamericanos/la-dictadura-del-blogetariado
 
Sonríe, escritor
En el marco del festival Photo España 2010, se presenta la exposición “Las tres orillas”, donde el fotógrafo Daniel Mordzinski expone 150 retratos de escritores: Francisco Ayala, Juan José Millás, Antonio Muñoz Molina, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Alvaro Mutis, Pierre Michon, entre tantos otros.
Cuándo: hasta el 30 de julio. Lunes a viernes de 10:30 a 20:00hs.
Dónde: Instituto Francés de Madrid, Calle Marqués de la Ensenada 10.
Mas datos: www.phe.es/festival
 
¿Géneros nuevos o argumentos nuevos?
Esta es la pregunta que discutirán Andrés Barba, Susana Haug Morales, Esteban Bayorga y Ramiro Sanchiz, con la moderación de Rodrigo Fresán, en el marco del III Congreso de Nuevos Narradores Iberoamericanos.
Cuándo: 23 de junio, 19:30hs.
Dónde: Casa América, Plaza de la Cibeles 2.
Más datos: http://www.casamerica.es/casa-de-america-madrid/agenda/literatura/iii-congreso-de-nuevos-narradores-iberoamericanos/generos-nuevos-o-argumentos-nuevos

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